Viernes 29 de abril de 2016: Seminario Internacional sobre Felicidad y Empresa

Sábado 30 de abril de 2016: Gran Encuentro de la Felicidad

CentroParque, Parque Araucano

La fórmula de la felicidad: libro revela secretos de los países con mejor ranking de bienestar.

  • Explorador de NatGeo recorrió los lugares del mundo que reportan los más altos índices de felicidad para saber las claves de su satisfacción.
  • Plasmó en un libro las lecciones de su viaje, donde ni el dinero ni los gobiernos aparecen en la lista de prioridades.

DanBuettner, un columnista del New York Times y explorador del NationalGeographic recorrió los cuatro lugares del mundo que según las encuestas, reportan los más altos índices de felicidad. Fue así como recaló en Dinamarca, México, Singapur y en San Luis Obispo, en California (EE.UU.) para descubrir por qué sus habitantes se declaran afortunados. Estas son algunas de las explicaciones que plasma en su libro Prospere: Encuentre la Felicidad al Estilo de las Zonas Azules.

 Igualdad social

Jan Hammer (42) tiene tres niñas, vive en Aarhus, la segunda ciudad más grande de Dinamarca y se levanta a las tres de la mañana. A las cuatro ya está al volante de un camión de basura, con el que recorre la ciudad recogiendo lo que otros desperdician. Son 59 paradas, y en cada una, el hedor de los desperdicios se cuela por la cabina. Pero Jan se siente “la yema del huevo”, una expresión danesa que significa estar “gordo y feliz”. ¿Porqué? Trabaja 21horas a la semana -poco más de cuatro horas diarias-, gana unos tres millones de pesos, todos los años lleva a su familia de vacaciones a Grecia y terminado su trabajo, no tiene problemas en socializar con dentistas y abogados que viven en su misma cuadra. Su historia es retratada por Buettner para graficar uno de los factores que hace que Dinamarca reporte los índices de felicidad más altos del planeta: la igualdad social.

Porque no es sólo el dinero lo que hace feliz a Hammer, sino el sentirse tan importante como cualquier otro miembro de su comunidad. Esa mirada cultural danesa se basa en una antigua norma vikinga que desaprueba que una persona se considere mejor que las demás. Por eso un  CEO no gana más de tres veces que una persona promedio del país, cuyo sueldo estándar es de US$ 70 mil al año. Y nadie reclama porque el60%de sus ingresos se va a impuestos: es dinero que asegura salud y educación de calidad para todos por igual.

Ciudades amables y desplazamientos cortos

Una de las grandes razones que hace desdichada a la gente son los extenuantes  trayectos a sus fuentes laborales o lugares de estudio. Investigaciones revelan que quienes viajan dos horas diarias, necesitarían un 40%más de sueldo para equiparar ese desgaste. Algo que en San Luis Obispo, una ciudad de 45 mil personas en California, decidieron cambiar en los 60, cuenta Buettner. En lugar de optimizar el comercio, privilegiaron la calidad de vida, lo que acortó los viajes y convirtió el lugar en un ambiente querido por sus habitantes.

Ken Schwartz,  profesor de arquitectura y alcalde de la ciudad, privilegió las caminatas y bicicletas, acotó la altura de los edificios. Los estacionamientos que se habían tomado la histórica plaza de 250 años, fueron exiliados, así como los clásicos restaurantes para comprar sin bajarse del auto. La ciudad fue el primer lugar del mundo en prohibir fumar en bares y restaurantes. Hoy tiene la tasa más baja de fumadores del país. Algo similar pasa en Copenhague, una de las ciudades más felices del mundo:el32%desushabitantes se va en bicicleta al trabajo todos los días, incluso en tiempo de lluvia, porque la ciudad hizo una apuesta ecológica dotando de servicios gratuitos de bicicletas a sus ciudadanos. Ahora es parte de su estilo de vida y una de las cosas que más satisfacciones les reporta a diario: nada mejor que una ciudad con pocos autos, dicen.

Una rica vida social

En los cuatro destinos que recorrió Buettner la vida social fue un factor clave en el nivel de felicidad de las personas. En San Luis Obispo, por ejemplo, la mayoría de la gente se va a sus lugares de trabajo caminando para encontrarse con amigos o colegas en el trayecto. Según Buettner las personas más felices tienen una interacción social de siete horas diarias (real, no virtual). En Dinamarca, el 90% delos ciudadanos pertenece a un club o grupo social y en los meses de invierno -cuando la oscuridad dura hasta 17 horas- es común que compartan mucho con amigos a la luz de las velas para darle un ambiente “hygge”, término que usan para referirse al placer de disfrutar de un lugar con encanto.

Los mexicanos, en tanto, son un ícono de lo que en sicología se conoce como felicidad experimentada: si tendemos a recordar los puntos altos y bajos de nuestra vida, una buena y simple estrategia es sumar pequeñas alegrías diarias. Y para eso nada mejor que los amigos. Buettner dice que ellos entregan una gran lección a la gente trabajólica que viven en otros países: la importancia de hacer amigos y tener tiempo para ellos. Singapur, en tanto, es el paraíso de la socialización, pero en grandes grupos. Esto se da especialmente en los malayos y se debe a lo que ellos llaman el espíritu kampong y que recuerda el trabajo colaborativo que tenían sus antepasados cuando vivían en aldeas de pescadores –llamadas kampongs- donde se unían para enfrentar las adversidades. Esta idea aún se conserva. “Cuando un malayo se cambia de casa, a los pocos días otros malayos del barrio llegan a conocerlo o si alguno tiene un problema, toda la comunidad malaya estará allí para prestar su apoyo. Son grandes socializadores y eso es fundamental en su felicidad. No por nada mientras a una boda china van entre 200 a 400 invitados, en una malaya fácilmente van dos mil.

Vacaciones y tiempo libre

Los daneses trabajan sólo 37 horas a la semana. El resto del tiempo lo dedican a sus familias, amigos y clubes. Además, tienen un promedio de seis semanas de vacaciones al año (en comparación con el promedio de América que son tres). No creen en las culturas trabajólicas, lo que no significa que no hagan su trabajo. Su fórmula es ser muy eficientes para tener tiempo libre: una de las bases de su sensación de bienestar. “Yo siempre me tomo mis siete semanas de vacaciones. En EE.UU., por ejemplo, la gente gasta mucho tiempo chateando en sus trabajos. Para nosotros el trabajo es parte de nuestra identidad, pero lo hacemos y luego vamos a casa con nuestras familias y amigos”, dice Toger Seidenfaden, periodista danés, a Buettner.

Fe y familia

Es sabido que las comunidades religiosas ofrecen un medio para aliviar el estrés. La investigación sobre la actividad cerebral de los monjes tibetanos, por ejemplo, ha demostrado que tienen mayores niveles de actividad en la corteza prefrontal izquierda, la parte del cerebro donde vive la felicidad. Por eso, junto a la familia (y los amigos) la fe es el soporte de la felicidad de los mexicanos. Buettner  dice que, según las encuestas, el 98%de los mexicanos declara creer en Dios y por eso en momentos de adversidad las comunidades religiosas son cruciales para ellos. En el caso de la familia sus redes incluyen hasta primos políticos. Su importancia: no sólo son su apoyo en tiempos de dificultades, sino también una fuente permanente de buen humor, algo característico de su cultura.

Fuente: La Tercera, domingo 9 de Noviembre 2011.