Viernes 29 de abril de 2016: Seminario Internacional sobre Felicidad y Empresa

Sábado 30 de abril de 2016: Gran Encuentro de la Felicidad

CentroParque, Parque Araucano

Estudio confirma que el dinero no implica felicidad. Publicado en revista “Science”:

Investigadores estadounidenses encuestaron a 1.700 mujeres y concluyeron que se tiende a sobreestimar el poder de los ingresos en el bienestar general.

 

Si hasta ahora era de los que pensaba que el dinero hace la felicidad, despreocúpese. Un grupo de investigadores estadounidenses quiso averiguar cuánto influyen unos bolsillos llenos en tener una amplia sonrisa en la cara, y sus conclusiones apuntan a que este vínculo está sobredimensionado.

Quizás por eso algunos millonarios viven su vida tan a disgusto, mientras que personas que apenas ganan para sobrevivir confiesan ser felices.

Liderados por el premio Nobel de Economía 2002 el sicólogo Daniel Kahneman, de la Universidad de Princeton, se evaluaron las respuestas de 1.700 mujeres, con diferentes niveles de ingresos, respecto a cuán felices se sentían. Y si bien la mayoría reconoció que una renta contribuye a un mejor bienestar, los investigadores encontraron que quienes reciben ingresos más altos no necesariamente lo pasan mejor.

“La gente con un ingreso por sobre el promedio está relativamente satisfecha con su vida, pero es apenas un poco más feliz que otras personas, tiende a vivir más tensa y no pasa más tiempo en actividades particularmente agradables”, dicen los autores de la investigación, en la que también participaron economistas y sicólogos de las universidades de California en San Diego, de Michigan y de Nueva York.

Para realizar la encuesta, se diseñó el “Método de la reconstrucción del día”, una herramienta que mide la calidad de vida según la satisfacción que se experimenta en diferentes momentos en cada jornada.

Al comparar las respuestas de quienes ganaban menos de US $20.000 al año (unos $11 millones) con las de aquellos que recibían más de US $100.000 ($55 millones), se vio que los primeros destinaban casi el doble de tiempo a actividades placenteras, como ver televisión o conversar con amigos. En cambio, los de mayores ingresos ocupaban gran parte de su día en actividades “obligatorias”, como el trabajo. Y cuando se trata de pasarlo bien, no es raro que recurran a actividades sencillas y nada costosas.

El estudio, que hoy aparece publicado en la revista “Science”, se suma a trabajos previos en los que se cuestiona la verdadera relevancia del dinero en la felicidad. De hecho, el profesor Kahneman precisa que si bien “los niveles de ingreso en países desarrollados han aumentado, los de felicidad no han experimentado un crecimiento similar”, e incluso han disminuido en algunos casos.

Los datos sugieren que, por lo general, los países más ricos son más felices que los pobres, pero una vez que se ha conseguido tener un techo, comida y ropa, el dinero extra no hace más feliz a la gente. Es decir, los estadounidenses, con un ingreso per cápita de US$ 42.000 no debieran superar en felicidad a los chilenos y sus US$ 7.000 por cabeza.

Capital social

Para el sociólogo Aldo Mascareño, de la Universidad Alberto Hurtado, la idea de felicidad a través del dinero surge precisamente del hecho de que éste es necesario para satisfacer esas necesidades básicas. Una situación que quedó de manifiesto en la encuesta presentada por Cimagroup en mayo de este año, en donde la situación económica es uno de los tres factores principales asociados a la felicidad, junto con la vida familiar y amorosa.

Y, aunque no siempre se cuente con el dinero necesario, son aquellos últimos aspectos los que nos diferencian de naciones desarrolladas. “En Chile o Latinoamérica, sobre todo en estratos medios y bajos, aún son fuertes los vínculos sociales y hay más redes, como el compadre o el amigo; eso da satisfacción, aunque apenas se cuente con las condiciones mínimas. Es lo que se llama ‘capital social'”, dice el sociólogo.

En cambio, en países como Estados Unidos, esos vínculos son menores y hay una mayor “individuación” -que en Chile va en aumento-, que se traduce en que el camino hacia la felicidad es más particular y solitario.

Compararse con otros

Un estudio realizado el año pasado por la Universidad de Harvard concluía que las personas más ricas tienden a ser más felices que la gente más pobre. Pero esa felicidad no surge del hecho de tener más, sino de la comparación que las personas hacen de sus ingresos con los de otras que pertenecen a su mismo grupo social y etario.

A juicio de los autores, lo anterior puede resultar contraproducente, ya que un mayor ingreso puede conducir a un mayor consumo para mantener un aparente nivel de felicidad permanente.

EN CHILE

EL 66% de los chilenos dice sentirse feliz o muy feliz, según una encuesta de Cimagroup. La situación económica fue uno de los tres principales factores asociados a la felicidad.