Viernes 29 de abril de 2016: Seminario Internacional sobre Felicidad y Empresa

Sábado 30 de abril de 2016: Gran Encuentro de la Felicidad

CentroParque, Parque Araucano

Bután: el país que centra su modelo de desarrollo en la felicidad

butan-central-modelo-en-desarrollo-felicidad

Bután fue el primer país del mundo en cambiar la tradicional medición del Producto Interno Bruto (PIB) por el de Felicidad Nacional Bruta (FNB), innovador concepto que actualmente tiene al país como el más feliz de Asia y que incluso se tomó la agenda de la ONU como la nueva fórmula para medir el bienestar de los pueblos. Conozca las principales características del modelo, cómo ha cambiado la vida de los butaneses y las posibilidades de aplicarlo en Chile.

La nueva fórmula

Para calcular la FNB, el gobierno de Bután creó una medición basada en cuatro pilares y nueve áreas que se evalúan cada dos años en una encuesta que busca medir la felicidad – entendida como “aquello que permite un desarrollo que balancee las necesidades del cuerpo con las necesidades de la mente”- de sus habitantes. El primer sondeo fue realizado en 2007 y registró datos sobre bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno.

Pero eso no es todo. Según los resultados de esa medición el gobierno ajusta sus políticas públicas. A modo de ejemplo, como la encuesta registró el deseo de una gran cantidad de habitantes de tener una vida mentalmente más relajada, tras realizar diversos estudios el ejecutivo se convenció de que la meditación podría ser un gran factor protector de la salud mental de las personas. Por eso Bután la incorporó dentro de su malla curricular escolar como una forma de hacer frente al estrés y la depresión.
Los cuatro pilares del nuevo paradigma son:

– La conservación del medio ambiente
– El desarrollo socioeconómico sustentable y equitativo
– La preservación y promoción de la cultura
– El buen gobierno
En base a estos pilares se definen ciertos indicadores, como el uso del tiempo para el trabajo, la familia y los amigos. La vitalidad comunitaria, que comprende lazos significativos con los vecinos, por ejemplo. La cultura y la resiliencia, que incluye el respeto y promoción de las tradiciones y pueblos originarios. Un buen gobierno, con participación de la sociedad civil y transparencia. Y, por último, la felicidad individual.

El mundo sigue a Bután

La apuesta de Bután ha tenido un fuerte impacto en importantes instituciones como la ONU, que inspirada en su ejemplo lanzó por primera vez el año 2012, en Nueva York, el “World Happiness Report” mencionando a Bután como un caso de estudio a tener en cuenta para los países del mundo. En aquella cita estuvieron presentes expertos de todo el mundo y -cómo no- los representantes de Bután que tuvieron un rol protagónico y entregaron como conclusión la necesidad de una nueva economía y de un nuevo paradigma, sosteniendo que el basado en el PIB, no es suficiente y que el desarrollo también debe necesariamente significar felicidad.

En efecto durante los últimos años se han levantado diversas voces que reafirman que el PIB parece fallar como vara para medir el progreso, al no reflejar necesariamente bienestar ni considerar los costos sociales o ambientales implicados. A raíz de este primer encuentro, la ONU pidió elaborar un nuevo programa de desarrollo mundial –ahora bautizada como “Felicidad: hacia un modelo holístico de desarrollo” que propone un modelo donde la visión de felicidad colectiva es vista como la clave para mejorar la calidad de vida y hace un llamado concreto a los gobiernos del mundo a poner en el centro de sus políticas públicas la felicidad de sus habitantes.

Para crear esta propuesta –que contó en todo momento con la supervisión de Bután- el organismo convocó a más de 70 profesionales de diversas disciplinas, entre ellos dos chilenos: Wenceslao Unanue, Director del Instituto del Bienestar y académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, y el economista y ambientalista Manfred Max Neef.
“Los grandes problemas que hoy prevalecen en la humanidad se enraízan en la incapacidad de reconocer que el PIB está obsoleto como la única medida de progreso y la nueva propuesta define a la felicidad colectiva como una sensación perdurable de armonía con el mundo natural y con el resto de los hombres. Esto se logra satisfaciendo las necesidades de las personas y teniendo en cuenta que el planeta tiene límites”, señaló Wenceslao Unanue.

“Los grandes problemas que hoy prevalecen en la humanidad se enraízan en la incapacidad de reconocer que el PIB está obsoleto como la única medida de progreso y la nueva propuesta define a la felicidad colectiva como una sensación perdurable de armonía con el mundo natural y con el resto de los hombres. Esto se logra satisfaciendo las necesidades de las personas y teniendo en cuenta que el planeta tiene límites”, señalóWenceslao Unanue.

¿Se podría aplicar en Chile?

El año 2012 el ministro secretario de la Comisión Nacional de Felicidad de Bután, Dasho Karma Tshiteem, visitó Chile para participar del Primer Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad que se realizó en Santiago -organizado por el Instituto del Bienestar, Eventual y la Pontificia Universidad Católica de Chile- y al que asistieron expertos nacionales y extranjeros en el tema.
“Creo que el PIB de la Felicidad puede ser aplicado en Chile, y en todos los países, por una razón muy simple. Nosotros en Bután tenemos la idea de que la gente en todas partes quiere ser feliz. En Chile, Jamaica o Australia. Si la gente quiere ser feliz entonces es importante que los gobiernos conduzcan sus focos en los aspectos que realmente permitan a la gente vivir una vida feliz. Todos ansían ser felices. El problema es que existen diferentes modelos de desarrollo. Hay veces que los gobiernos sólo se enfocan en los trabajos o en el crecimiento económico. Pero no se dan cuenta de que si no se enfocan en áreas como las comunidades o la cultura, la gente se pierde”, sostuvo al respecto durante dicho evento Karma Tshiteem.

Bután está considerado entre los países más pobres y menos desarrollados, pero al mismo tiempo aparece como uno de los más felices a nivel mundial. El modelo está generando cambios y no parece ser casualidad que sus ganas por redefinir el desarrollo estén moviendo a grandes potencias -como Francia, Inglaterra y Japón- a sacar lecciones de un país que no supera los 800 mil habitantes y cuyo ingreso per cápita es de 6 mil dólares, menos de la mitad que en Chile.